Huele mejor, ahora que San Diego 432M
logró contrato en el
Union-Tribune
por Susan Zachem
Rechazaron salir en huelga y rechazaron darse por vencidos. Les
tomó 10 años, pero 140 miembros de la sala de prensa del San
Diego 432M ahora tienen un arreglo de contrato en el
Union-Tribune.
Jack Finneran, presidente del Local 432M, dijo que los miembros
de GCIU en el Union-Tribune piensan que el arreglo es "buena
noticia. Ha costado mucho. Todo el mundo siente alivio; El
contrato se aprobó en form abrumadora".
El secretario-tesorero del Local 432M, Jeff Alger, alabó "la
fuerza y resistencia" de los miebros del Local durante la larga
lucha por el contrato. "No aceptamos su oferta definitiva.
Demuestra que después de todo no era su oferta definitiva".
George Tedeschi, presidente de GCIU, alabó "el compromiso y la
dedicación de los miembros de Local GCIU 432M" y de Finneran y
Alger. Ambos dirigentes perdieron sus trabajos durante la lucha
por el contrato, cuando este diario de la cadena Copley trató de
intimidar a la unidad de negociación.
A pesar de una larga historia de buenas relaciones con sus
sindicatos, el Union-Tribune inició una campaña anti-sindical a
comienzos de la década de 1990. Los miembros de GCIU en la sala
de prensa ya habían estado sin contrato desde 1992, y choferes de
los Teamsters desde 1993. En 1998, la gerencia logró que miembros
del Newspaper Guild renunciaran a la certificación.
A pesar de todo, los miembros del Local 432M se resistieron a las
tácticas de la firma de abogados anti-sindicato King and Ballow,
deTennessee, que Copley trajo para manejar su campaña.
El local lanzó su propia campaña, que cobró impulso a medida que
se difundía por la comunidad, por la costa oeste, y por Estados
Unidos y Canadá entre miembros de GCIU.
Al tomar como mascota a "Stinky the Skunk" (zorrino hediondo) y
el lema "Algo huele mal en el Union-Tribune," los miembros del
Local 432M comunicaron su mensaje en mítines y líneas de piquete
delante del edificio del Union-Tribune y otros foros públicos,
ayudados por los Teamsters y otros sindicatos de la región y por
grupos comunitarios, religiosos y políticos.
Desplegaron estandartes por avión encima del estadio de béisbol
de los Padres y en la playa. Consiguieron tanta atención pública
que se les entrevistó en estaciones locales de radio y
televisión. Produjeron su propio y fuerte video que se mostró en
reuniones sindicales y públicas en todo el país. Se dirigieron a
anunciantes y abonados al diario, reduciendo la circulación en
unos 30 mil ejemplares.
El local también siguó el camino tradicional elevando cargos de
práctica laboral injusta ante la Junta Nacional de Relaciones
Laborales (National Labor Relations Board) por suspensiones,
despidos y por imponer condiciones en la sala de prensa bajo el
pretexto de un punto muerto en las negociaciones.
Finneran dijo que cuando la empresa acordó volver a la mesa de
negociación, el local decidió emprender una dirección diferente.
"En vez de volver una y otra vez a la negociación sin llegar a
nada, conseguimos que gente de la comunidad entrara a negociar de
nuestra parte", dijo Finneran. "Obtuvimos que uno de sus
anunciantes más grandes del diario, varios miembros de la
comunidad religiosa, y un funcionario del concejo laboral de los
condados de Imperial y San Diego (San Diego-Imperial Counties
Labor Council, AFL-CIO), entraran y negociaran con la empresa".
"Logramos convertirlo en un esfuerzo de la comunidad y no sólo de
un grupo de trabajadores", dijo Finneran. "Cuando se tiene a un
importante anunciante negociando con el presidente de la empresa,
Gene Bell, tiene gran impacto".
Finneran dijo que el convenio de tres años incluye "un gran
avance en el seguro médico que le ahorró unos $40 a la semana a
todo el mundo".
Otro tema importante fue el de salarios. Mientras el local
convino con la exigencia de la empresa por aumentos por mérito,
dijo Finneran, los aumentos por mérito darán un aumento promedio
estimado de seis por ciento en los primeros 15 meses. "Lo que se
garantiza es el promedio; no todo el mundo recibirá 6 por
ciento", dijo.
Los miembros de GCIU también recibirán bonificación por
producción basados en desechos, que podría significar unos $200
al mes y mejoras en el seguro de vida. Dijo que también
consiguieron garantía de que todos los 140 miembros tendrían
puestos a tiempo completo, garantía que antes no existía.
Finneran y Alger agradecieron a "todos los miembros y locales que
nos apoyaron durante esta lucha. No habríamos sobrevivido sin su
ayuda".
Enviaron especialmente las gracias al Local Los Angeles 404M,
cuyos dirigentes y miembros ayudaron en los mítines y reparto de
volantes. El Local 404M también tiene contrato con un diario
Copley.
Alger dijo que los dirigentes del Local 432M están preparados
para ayudar a otros locales en situación similar que desean
probar cosas nuevas y creativas para realizar una campaña
corporativa. "Demostramos que aun un local pequeño como el
nuestro puede causar impacto", dijo.
El mensaje de Finneran a otros editores de diarios que piensan
quebrar al sindicato es que "parece que el método King and Ballow
está bastante fallado. Espero que otros editores de diarios miren
el caso bien de cerca y vean bien cuánto cuesta ese método. Es
mucho dinero cuando no cumplen lo que prometen".
Agregó Alger que, además de conseguir un contrato justo, el local
quiso demostrar a los editores de todo el país de que "es más
costoso librar una campaña anti-sindical que firmar un contrato
justo. Los costos son tanto financieros, como dañinos para la
imagen del diario en la comunidad. Muchas veces se perdió
circulación durante una batalla como la nuestra y no se recupera
jamás".
Por el local, dijo Finneran: "Estamos contemplando un nuevo
comienzo. Vamos a reconstruir nuestra fuerrza y luego volver a la
lucha. La intención de la empresa fue deshacerse del sindicato.
El resultado demuestra que si se se persiste en la lucha, estarás
ahí el tiempo que quieras. No permitimos que nos quebraran".
[back to top]